miércoles, 15 de febrero de 2012

Dios, no tengo fuerzas

¿Y desde cuándo se trata de tus fuerzas?


Reconocer que no tienes fuerzas es es el gran inicio. Porque es ahí en tu debilidad donde brilla la gloria de Jesucristo, es ahí donde empiezas a depender de verdad de Él; es en la desesperación donde empiezas a buscar el poder de Dios.


Y es en ese lugar, donde Jesucristo se convierte en tu dulce Señor y Salvador. Porque las cargas que no puedes llevar las pones en sus todopoderosos hombros. Y te hace descansar ¿Por qué cargar el pecado? ¿por qué vivir como esclavo de un cruel amo (el pecado) si Cristo quiere ser tu Señor?

Y si Jesús se convierte en tu amo, si se convierte en tu dueño, si le suplicas que venga y te libre de tu desgastante y decadente pecado... entonces el Maestro llevará la carga que no puedes llevar.

No, no tienes fuerzas. Nunca las has tenido. Deja de luchar inútilmente y ríndete a los pies de Jesucristo.


"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar."
- Jesucristo

(Mateo 11:28)

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